Tumbarte en la camilla, temperatura agradable y música suave…
Durante la próxima hora te vas a dedicar el tiempo a ti, a desconectar de todo lo que hay fuera, sea lo que sea...
Un suave olor a incienso te llega al olfato y… la relajación comienza ya antes del masaje
El cuerpo abrigado salvo la zona que va a ser masajeada. El aceite sobre tu piel. Silencio, respeto. Siéntete contigo mismo/a.
El masaje de relajación no es un lujo, ni un capricho, es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos, merecido. Bien merecido.
Además de encontrar bienestar y relajación te ofrece muchos beneficios:
Te haces cada vez más consciente del cuerpo que habitas, al sentir el tacto en zonas donde pocas veces te habías detenido.
Cuando por ejemplo sientes los dedos de tus pies, tu antebrazo, tu mandíbula o tu cabeza.
Realmente, ¡ES TODA UNA EXPERIENCIA!